viernes, 10 de enero de 2025

Hace 69 años Perón le escribía a Florencio Monzón: "...veo que usted, como todos nosotros, está varado. Y pensar que estos canallas, que nos han robado todo, dicen que nosotros somos los ladrones."

 



Carta a Florencio Monzón 10 de enero de 1956


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Colón, 10 de enero de 1956


Señor D. Florencio Monzón Santiago


Mi estimado compañero y amigo:


Acuso recibo de su carta del 8 ppdo. y le agradezco su recuerdo y su saludo. Yo contesté ya otra anterior que no sé si la habrá recibido a estas horas. Por las dudas no deseo quedar en deuda con usted que ha sido tan amable.


Las cosas en Buenos Aires no van tan mal para nosotros. Los líos que se producen son grandes y los que hay en perspectiva, son tremendos. Es menester esperar. Según mis informes, lo bueno es precisamente lo malo que se está poniendo aquello.


Espero yo también que María le arregle allí su asunto pues veo que usted, como todos nosotros, está varado. Y pensar que estos canallas, que nos han robado todo, dicen que nosotros somos los ladrones. Algunas veces me arrepiento de no haber robado unos millones, total, por boca de estos infames, no hay gran diferencia entre la honradez y la deshonestidad.


Estoy escribiendo un artículo para Italia que me han prometido pagar. En ese caso veré de ayudar con un poco a los amigos. Nuestros amigos ricos interdictos y presos poco han podido hacer por los demás. Debemos defendernos mientras podamos.


Pienso que, en Buenos Aires, puede producirse algo en cualquier momento. La situación de la dictadura es muy difícil e inestable. Los aplastará un día sus errores y su violencia. De eso no tengo la menor duda. Es sólo cuestión de saber esperar.


Yo estoy trabajando fuerte, escribiendo para revistas extranjeras. El libro quiero que llegue primero a la Argentina y en esas diligencias estoy. No me interesa tanto que su contenido se conozca en los demás países porque se trata de cuestiones nuestras. Conviene no dar injerencia a los demás sino después se creen con derecho a meter las narices donde no deben. Los argentinos podemos arreglarnos solos.

Muchas gracias por todo y un gran abrazo.

Juan Perón


miércoles, 17 de enero de 2024

Se cumplen 59 años de éstas líneas de Juan Perón a Atilio Garcia Mellid.

 



Carta a Atilio Garcia Mellid 17 de enero de 1965 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid. 17 de enero de 1965.


Al Dr. Atilio García Mellid


MONTEVIDEO


Mi querido amigo:


A poco de despachar mi contestación a su anterior, he recibido su carta del 9 de enero en la que se refiere Usted al incidente del diario "Época". Efectivamente, el trabajo de las distintas tendencias comunistas se ha particularizado especialmente sobre el Justicialismo, ya sea mediante la infiltración y la provocación, como por un empeño de acercamiento hacia mí que vengo percibiendo desde la caída de mi Gobierno. Indudablemente esto está dentro de la táctica comunista: ganar para sí la simpatía de los movimientos populares. Desde 1955 he recibido invitaciones y tentaciones de todo orden.


Varios ofrecimientos del comunismo argentino me han llegado y, entre ellos uno de hace poco tiempo, a base de quince puntos en los que se buscaba coincidencia doctrinaria. Conozco muy bien a los comunistas como para acordar compromisos con ellos y me limité a decirles que eso lo podríamos ver cuando regresara al país. Ahora sé "que han llegado aun acuerdo con el Presidente Illia por intermedio de su cuñado, el Doctor Martorell, que es uno de los capitostes del comunismo argentino y el que me hiciera llegar el ofrecimiento de que antes le he hablado-


Es lógico que así, todo hace pensar que el comunismo en la Argentina avanza a toda fuerza y eso ha de hacernos reflexionar porque, dentro de nuestra gente, hay muchos proclives a caer en sus redes por simpatía o por desesperación. Como Usted vierte observando por lo que me dice de la carta de "Época", también un dirigente gremial importante -Amado Olmos- me ha escrito una carta abierta en la que me indica la conveniencia de residir en Cuba. Eso no es casual y se viene produciendo desde que España ha tomado una actitud contra mí. Es que en este país, a pesar de lo que algunos piensan y sostienen, existe una organización que mantiene muy bien informados a los que, desde fuera, combaten incesantemente al orden aquí establecido.


Es muy sintomático que, desde el fracaso de mi viaje a la Argentina, los círculos procomunistas se empeñen por desplazarme hacia zonas de influencia de esa tendencia, lo que quiere decir que nuestro país es un objetivo importante para el comunismo. Es indudable que si salgo de España, como todo lo hace preveer, deberé residir en uno de los diez o doce países que me han ofrecido amparo y que allí estaré al alcance de su influencia de la que no es fácil escapar cuando existe un cierto grado de dependencia.


Pero, lo realmente incomprensible, es que la presión se sienta reforzada por la acción de los que se manifiestan anticomunistas, que insisten en molestarme para que yo termine por abandonar este país. Hay que persuadirse dé que no todos los que hablan de anticomunismo lo son, comenzando por los Estados Unidos que desde la famosa Conferencia de Yalta demostraron su acuerdo con el imperialismo soviético, a fin de poder dividir al mundo en dos porciones en las cuales dedicarse a la explotación de los pueblos.


La dura experiencia me viene demostrando que en todo esto existe la más descarada simulación y que las causas que se dicen defender son sólo pretextos para poder medrar en medio del más monstruoso egoísmo. Es indudable que este mundo está en plena decadencia y que los verdaderos valores se estremecen vergonzantemente dominados por tanta inmundicia. Los hombres son de una pequeñez que aterra. En estos últimos años de mi vida me ha sido dado percibir más verdades que en el resto de mis días. No es que me haya desilusionado, porque jamás me suelo hacer ilusiones, pero es menester vivir la suerte del proscripto, para no llevarse a la tumba el secreto de lo que nos ha rodeado sin percibirlo.


Dicen que Aníbal, proscripto, fue aparar en el Reino de Epiro, cuyo Rey le debía marcados servicios desde cuando su gloria esplendía más allá de Cartago. Cuando las legiones de Escipión El Africano destrozaron a Cartago ya los cartagineses en Zamma, destacaron una fuerza hacia Epiro en procura de Aníbal a quien el Rey pretendió entregar olvidándolo todo. El único grande de Cartago, Aníbal, al decir de Federico El Grande tomó el último recurso: morir dignamente y se suicidó ingiriendo un veneno que guardaba en su anillo. Es la suerte del proscripto cuando se trata de cartagineses y romanos. Desde entonces la humanidad no ha cambiado sino de ropa, especialmente, para los que creen que lo único sublime de las virtudes está en su enunciado.


Cuando uno sabe éstas cosas ya le queda poco de qué asombrarse, pero es indudable que el hombre es tan torpe que a menudo es el único animal que suele tropezar dos veces en la misma piedra. Sin embargo, hay que seguir viviendo, aunque para eso sea necesario chapalear permanentemente en el barro.


Le ruego que salude a los compañeros. Un gran abrazo.


Firmado: Juan Perón.


jueves, 6 de abril de 2023

Rita Manuela Fernández nacía hace 68 años.

 



Nacida un 6 de abril de 1955. Casada con Raúl Humberto Serrano, compañero de vida y militancia con el que tuvo una hija, nacida en una cárcel clandestina del Proceso. Rita Manuela estudiaba Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y era parte de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) en aquella facultad. Precisamente, fue secuestrada-desaparecida con su marido el 30 de julio de 1976, cuando a ambos se los llevaron por la fuerza del hogar que habitaban, sito en avenida Directorio 186, 1º piso “D” en el límite de los barrios de Parque Chacabuco y Caballito de nuestra Capital.

Al momento de su desaparición contaba 21 años. 

jueves, 26 de enero de 2023

Se cumplen 152 años de la Batalla de Ñaembé y la derrota del General Ricardo López Jordán

 




La Batalla de Ñaembé fue un enfrentamiento armado producido el 26 de enero de 1871 entre las tropas del gobernador de Entre Ríos, el general Ricardo López Jordán, y las fuerzas conjuntas del gobernador de la provincia de Corrientes, el teniente coronel Santiago Baibiene, y el ejército nacional, al mando del entonces teniente coronel Julio Argentino Roca. Concluyó en la total derrota de las fuerzas entrerrianas, marcando el fin de la insurrección de López Jordán contra el gobierno nacional, del que juzgaba que había violentado la autonomía provincial garantizada por el federalismo de la Constitución Argentina de 1853. López Jordán se exiliaría en el Uruguay poco más tarde, de donde regresaría para emprender una nueva y fallida intentona dos años más tarde.


La batalla tuvo lugar en el paraje de Ñaembé, donde se levanta el actual pueblo de Colonia Carolina, en las inmediaciones de Goya. López Jordán había avanzado sobre territorio correntino luego de seis meses de hostilidades en los que había tomado y defendido la mayoría de las ciudades entrerrianas contra el ejército nacional, dirigido primero por el general Emilio Mitre y luego por Juan Andrés Gelly y Obes. La necesidad de mantener un triple frente con tropa escasa lo había llevado a intentar intervenir el territorio correntino, colocando a su frente al ex gobernador correntino Evaristo López, más afín a su posición que Baibiene, alineado con el gobierno del presidente Domingo Faustino Sarmiento, y que tres años antes había contribuido al derrocamiento de López. Contaba a ese efecto con unos 6.000 jinetes, 1.000 infantes y una docena de piezas de artillería.



La milicia correntina, compuesta por 7 batallones de infantería y 6 cañones, recibió oportunamente el refuerzo del Regimiento VII de Infantería, comandado por Roca, que regresaba del frente de la Guerra del Paraguay, y se apostó en posición favorable. A primera hora de la mañana López Jordán intentó una carga contra los cañones Krupp de carga posterior adquiridos de Alemania; la carga de lanza avanzó sobre la infantería, pero el fuego enemigo y la carga de la caballería correntina al mando del coronel Manuel de Jesús Calvo deshicieron su avance y lo obligaron a retroceder hasta más allá del río Corriente, abandonando la artillería y perdiendo 1.150 hombres entre muertos, heridos y prisioneros.


Poco más de un mes más tarde, batidos sus lugartenientes en Gená y Punta del Monte, se exiliará en el Uruguay a sumarse al bando de Timoteo Aparicio, y luego al Brasil. Entre sus compañeros estaba el escritor José Hernández, futuro autor del Martín Fierro.

martes, 30 de noviembre de 2021

Hace 48 años hablaba Juan Perón: "Yo no sé cómo puede hablarse de derecho constitucional en un país donde, por un bando, puede dejarse sin efecto una Constitución. "

 DISCURSO EN LA CLAUSURA DE LA SEMANA DE LA SEGURIDAD SOCIAL ORGANIZADA POR EL MINISTERIO DE BIENESTAR SOCIAL Juan Domingo Perón [30 de noviembre de 1973] 





Señores: 

Es para mí un verdadero placer poder intervenir en esta forma, aunque sea indirecta, en un acto que presupone retomar pasos ya dados hace muchos años. 

Dice Plutarco que un día pasaba un circo cerca de donde estaba Licurgo y lo invitaron a ver la función. Preguntó entonces Licurgo qué tenía de notable ese circo, y le respondieron: “Hay un hombre que imita maravillosamente al ruiseñor”. “Sí, ya he oído al ruiseñor mismo”, expresó Licurgo, como única contestación.

Al tratarse de esto, señores, yo creo que puedo hacer también oír al ruiseñor, porque hace treinta años -ya cumplidos el pasado 27- fui designado secretario de Trabajo y Previsión. Esto sucedía, por primera vez, en un país donde había un Ministerio de Agricultura para cuidar a los animales y a los vegetales y no había uno de Salud Pública para cuidar a los hombres. Eso hacía cierto aquello de que teníamos toros gordos y peones flacos.

Vale decir que, en 1943, cuando comenzamos a trabajar en todos los aspectos de la previsión social, el país carecía totalmente de ella. Hace treinta años, por primera vez en la República, se habló de previsión social. Ya entonces había muchos que eran partidarios del seguro; pero el seguro, precisamente, es la consecuencia de la imprevisión social. La previsión social hace inútil el seguro, ya que ella es un seguro colectivo, que el país tiene la necesidad y la obligación de dar a la comunidad para satisfacer los riesgos que ningún seguro va a cubrir en forma completa. 

Recuerdo que en aquella época los obreros, especialmente en la campaña, atravesaban una situación verdaderamente dolorosa. El salario mensual era, término medio, de treinta pesos por mes, y había una gran cantidad de peones del campo argentino que ganaban diez pesos por mes. O sea, peor que en la época de la esclavitud, porque por lo menos en esos tiempos el amo tenía la obligación de mantener y cuidar al esclavo cuando envejecía. En cambio, a los peones del campo, cuando se ponían viejos, los largaban como caballos, para que se murieran en el campo. 

No exagero nada si digo que era tal la incuria en este aspecto, que no había sino dos o tres cajas que se sostenían mediante el esfuerzo de sus propios componentes: las de la Policía y de algunos sectores estatales. Los demás quedaban librados a la suerte o a la desgracia de su propio futuro. Nosotros comenzamos a estudiar estos problemas cuando todos nuestros viejos estaban abandonados. Fuimos, poco a poco, organizando las distintas cajas, que se fueron escalonando desde las de los industriales y los comerciantes, que también necesitan cajas, porque no todos ellos se hacen ricos, algunos se funden, y quedan más pobres que nadie. Se trataba de que existiera una cobertura de los riesgos de la vejez, de la invalidez y de las enfermedades, tanto para unos como para otros. Es decir que en la comunidad nadie debiera quedar abandonado a su propia suerte y que un sentido de solidaridad social permitiera que todos los hombres que trabajaban para la grandeza del país pudieran, en un momento de infortunio, hallarse a cubierto de la miseria, para poder seguir viviendo dentro de un margen de felicidad y tranquilidad, que es consustancial a la vida humana. 

La tarea no fue fácil. Se trabajó durante diez años duramente para organizar todo esto. No quisimos hacer un sistema previsional estatal, porque yo sabía -lo he visto ya en muchas partes- que estos servicios no sue1en ser ni eficaces ni seguros. Preferimos institutos administrados y manejados por las propias fuerzas que habrían de utilizarlos, dejando al Estado libre de una obligación que siempre cumple mal. Esta es la experiencia que tengo en este sentido, porque estos sistemas los he visto en varias partes. De manera que organizamos cajas que se manejaban, se dirigían, se financiaban y se mantenían por sí mismas. Llegamos a crear el Instituto de Reaseguros para esas cajas, a fin de que mediante un fondo común se auxiliaran mutuamente. Jamás tuvimos el menor inconveniente. Las cajas se capitalizaron de una manera extraordinaria, y ningún jubilado tuvo jamás que quejarse porque le liquidaron mal, tarde o nunca, como sue1e suceder. Algunos riesgos que no se cubrían con la previsión social se cubrieron con la ayuda social, cuestión de la que se encargó la Fundación Eva Perón. Se concedieron todas las pensiones a la vejez, y muchas a la invalidez, para aquellos que, de acuerdo con la ley, no pudieran cumplir con los requisitos exigidos. Pero había que pensar que, cumpliéndose los requisitos o no, los pobres tenían necesidades que cubrir. 

Fue así posible llegar a un sistema previsional perfecto, del que nada escapó. Desaparecieron los niños y viejos que pedían limosna; las sociedades se fortalecieron y la asistencia social se montó sobre una buena cantidad de policlínicas, fueran sindicales, de la Fundación o del Estado, que proporcionaron la asistencia social indispensable a todos esos sectores. Creo no exagerar si digo que, como sistema previsional, ha sido lo más perfecto que yo he conocido en mi vida. No sé si existiría en alguna otra parte del mundo, pero lo cierto es que aquí era el mejor que he visto; y lo mejor que he visto porque para mí el sistema previsional más perfecto es aquel que cubre todos los riesgos. El que deja sectores sin cubrir no es un régimen previsional; donde haya una necesidad, tiene que haber un auxilio. Ese es un deber ineludible de la comunidad. 

Bien, señores. ¿Qué pasó después? En 1956, el Estado, acuciado quizá por las necesidades, echó mano de los capitales acumulados por las cajas. Es decir, se apropió de ellos. Para mí, eso es simplemente un robo, porque el dinero no era del Estado, sino de la gente que había formado esas organizaciones. Claro que las descapitalizaron. He visto un decreto secreto en virtud del cual se les sacaron sesenta y cinco mil millones de pesos para auxiliar a quienes no tenían nada que ver con las cajas de jubilaciones y pensiones que habíamos creado. Es decir, se las asaltó; porque fue un asalto. Y naturalmente que, después de ese asalto, los pobres jubilados comenzaron a sufrir las consecuencias de una inflación que no podía paliar ningún salario ni ninguna jubilación. 

Cuando nosotros dejamos el Gobierno, en 1955, el dólar en el mercado libre estaba a catorce con cincuenta; luego estos pobres debieron cobrar a razón de un dólar a mil cuatrocientos pesos. Entonces era lógico que, cualquiera hubiera sido el arreglo que hicieron esto no tenía arreglo. ¿Qué pasaba? Habían desfalcado las cajas; las habían asaltado. Y las cajas, que, como todas las organizaciones económicas y financieras tienen su límite -el límite está indicado por su capital-, una vez que le sacaron el capital, era inútil que se pretendiera buscarle soluciones de otra manera, y el Estado tuvo que hacerse cargo de todas las prestaciones. Indudable¬mente, el Estado fue también impotente para atender la enorme cantidad de prestaciones. Las sirvió mal, tarde y, en fin, con déficit en perjuicio de los pobres jubilados. 

Bien señores: no vamos a resolver nada con lamentamos y pensar que esos pobres jubilados han sufrido las consecuencias de semejantes marranadas. No los vamos a resarcir, porque muchos de ellos se han muerto y otros han sufrido las consecuencias en su salud y en otros aspectos. Lo único que podemos hacer es tratar de remediar de la mejor manera posible estas deficiencias naturales de una falta de administración. 

Afortunadamente, el Ministerio de Bienestar Social, que tomó a su cargo todas estas obligaciones, ha comenzado ya la tarea hace ciento ochenta días, que no es mucho tiempo. Todos los grandes problemas que se habían presentado han sido ya resueltos en la fundamental, y podremos pensar que nuestros jubilados comenzaran a percibir los que por derecho les corresponde, y que les había sido negado por la impotencia de un Estado impotente no solo por falta de medios, sino más que nada por falta de administración apropiada. La prueba está en que todos esos males ya han sido en gran parte remediados y se están dando ahora los últimos pasos para resolver definitivamente esos problemas. 

Al firmar hoy este decreto, hemos dado fin a un programa de seguridad social que es un complemento necesario de los convenios firmados anteriormente sobre precios y salarios y luego sobre economía. Lógicamente, faltaba el aspecto social, que es el que le agregamos ahora a esos factores determinantes de la vida nacional. 

A mí me llena de satisfacción el haber firmado en este acto el decreto por el cual se aprueba el programa de Seguridad Social, en que intervinieron, juntamente, las fuerzas del trabajo y las del sector empresarial. De esta manera, todos nos comprometemos a mancomunar esfuerzos en pro del engrandecimiento del país, promoviendo y desarrollando integralmente la seguridad social, a fin de que la misma llegue por igual a todos los habitantes, sea cual fuere el lugar donde se encuentren. 

De esta manera, cerramos con profunda satisfacción la Semana de la Seguridad Social establecida por el Ministerio de Bienestar Social, que ha realizado una obra enjundiosa. 

Muchos miles de jubilados, pensionados, inválidos y niños, han visto convertirse en realidad una esperanza que empalidecía con el tiempo. 

Pero aún subsisten problemas e injusticias que deberemos reparar. Tenemos 711 mil hombres y mujeres que están percibiendo 61.500 pesos, y hay otros 101.800 jubilados que no pudieron recibir ni un solo peso de aumento, porque cobraban más de cien mil pesos. Es decir que esta clase pasiva volvió a tener que sacrificarse y esperar una nueva oportunidad para ampliar sus recursos, ya bastantes escasos e insuficientes para vivir dignamente. 

En ciento ochenta días, como dije, el Gobierno, trabajando fuerte y con honradez, ha logrado normalizar las recaudaciones jubilatorias. 

Es un mérito del Ministerio de Bienestar Social, que yo reconozco y aplaudo. Ha obtenido recursos genuinos que permiten encarar el futuro de los jubilados y pensionados con una mayor esperanza y seguridad. 

Cuando recibimos el Gobierno, el 25 de mayo de 1973, la Secretaría de Seguridad Social tenía una disponibilidad de dieciocho mil millones de pesos moneda nacional; pero, junto con ello, también había una deuda con el Instituto de Jubilados y Pensionados y con el Fondo Nacional de la Vivienda que llegaba a los cincuenta y seis mil millones de pesos. Además, se debía a los jubilados una retroactividad de sesenta mil millones de pesos. Al cumplirse los ciento ochenta días de nuestro Gobierno, tengo el placer de anunciar que no solamente se han otorgado mejoras del 28 y e1 33 por ciento inspiradas por el pacto social, sino que se han pagado todas las deudas mencionadas. 

Se han cumplido los pagos de las retroactividades atrasadas, que se están liquidando en este último bimestre. También se han firmado convenios con modernos policlínicos para la atención médica de jubilados y pensionados. 

Se han establecido convenios de corresponsabilidad con la CGT, para que los mismos obreros controlen oficialmente si los aportes se pagan en término o no. 

Se están agregando días al calendario de pagos para que cada jubilado llegue a percibir su pago al mes vencido, y no a dos o más meses atrasados. 

Se ha agilizado la forma de cobro, para evitar esas largas y angustiosas colas frente a un banco determinado. Ahora pueden hacerla en el que más les convenga y esté más cerca de su domicilio. 

Se está trabajando arduamente para facilitar el Turismo Social de jubilados y pensionados, de manera que puedan gozar de un descanso reparador y merecido quienes trabajaron mucho a lo largo de toda su existencia. Se han mejorado las pensiones para los internados en asilos y dependencias de rehabilitación o atención médica, colocándolos en situación muy mejorada con respecto al pasado. 

El Gobierno no desea que la Semana de Seguridad Social termine sin un verdadero broche de oro que lleve la alegría a todos los hogares -un millón y medio- de jubilados y pensionados del Sistema Nacional de Previsión Social. A partir del 10 de enero de 1974 tendrán un aumento del treinta por ciento sobre los haberes que cobran a131 de diciembre de 1973. Para que el público en general tenga una idea de la real situación de los jubilados, les diremos que, cuando recibimos el Gobierno, la jubilación mínima era de 46.200 pesos. Esta, a partir del 1º de enero de 1974, será de ochenta mil pesos, lo que equivale decir el ochenta por ciento del actual salario vital, mínimo y móvil. 

Señores: Es para mí un deber agradecer y felicitar, en nombre del Gobierno, a los funcionarios que han hecho posible la realización de todas estas conquistas, dirigidas hacia un sector que todos tenemos la obligación de cuidar. Los viejos y los niños, como ocurre en toda familia, son los que merecen nuestro cuidado. La familia vive y se mantiene cuando tanto unos como otros están debidamente protegidos. 

Nosotros constituimos una gran familia, a la que solo podremos mantener fuerte, unida y solidaria si somos capaces de cuidar a nuestros chicos y a nuestros viejos. Así debemos pensar. 

La función de la previsión social, con su asistencia social y todos los demás menesteres, es parte de esa solidaridad que tenemos la obligación moral de mantener. Y debemos también destacar que en nuestro país ya es una conquista que no puede ceder a la acción destructora del tiempo ni desvanecerse bajo las sombras del olvido. 

En 1949 sancionamos una Constitución Justicialista, donde se dio status constitucional a los deberes y derechos de la ciudadanía. Entre esos derechos estaban el del Trabajo, el de la Familia, el de la Ancianidad y el de la Niñez. Han pasado muchos años; en 1956, esa Constitución, que estableció inalienablemente esos derechos, fue derogada por un bando. Yo no sé cómo puede hablarse de derecho constitucional en un país donde, por un bando, puede dejarse sin efecto una Constitución. 

Tenemos que volver a dar status constitucional a esos derechos, porque ningún sistema constitucional podrá afirmarse en derechos que no estén garantidos por una Constitución, que ha de ser inamovible para evolucionar solo a lo largo de los tiempos y no al antojo de algunos trasnochados que encuentran mal todo lo que ellos no han sido capaces de realizar. 

Señores: aprovecho también la oportunidad para agradecer, en nombre del Gobierno, a toda la organización que, a través de la CGE y de la CGT, han hecho posible que nuestra economía y nuestras finanzas puedan ponerse en pie y avanzar con la seguridad que dan los procedimientos honestos y capaces. Por eso, al felicitar al Ministerio de Bienestar Social, quiero hacerla extensivo al Ministerio de Economía, a la vez que expreso mi reconocimiento a cada uno de los señores funcionarios por todo lo que se está haciendo en la República, dado que todo lo que se hace es producto de su preocupación, de su capacidad y de su entusiasmo. 

JUAN DOMINGO PERÓN

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Se cumplen 102 años del natalicio del resistente peronista Juan Carlos Brid




Nació un 4 de diciembre de 1917. Era pintor de brocha gorda.
Nació y vivió toda su existencia en Tigre, provincia de Buenos Aires.
Fue el más chico de cinco hermanos.
No fue un activo participante de la política pero siempre se consideró un peronista de ley.
Cuando sucedió el bombardeo a Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955, estaba cerca de allí debido a su trabajo.
Acudió a la plaza, para defender al Gobierno Constitucional y con otros autoconvocados, intentaron asaltar una armería y hacerse de elementos para salir a defender al gobierno del pueblo, con el fin de atacar a los marinos insurrectos que, por esas horas, se atrincheraban en su Ministerio.
Después de la caída de Perón se transformó en miembro activo de la Resistencia Peronista y se "anotó en todas".
Lo encarcelaron, le dieron feroces palizas, lo torturaron y lo persiguieron permanentemente.
Cuando los años pasaban y los nóveles peronistas de los ’70 le preguntaban como se habían organizado en esos 18 años de lucha, él les contestaba: “Empezamos así nomás, a la que te criaste...”.
Juan Carlos “El Alambre” Brid fue secuestrado durante la última dictadura militar junto con su hijo David Jorge Brid y encerrado en la “Mansión Seré”, de Ituzaingó, dependiente de la Fuerza Aérea Argentina. Lo sacaron de su casa de San Fernando, provincia de Buenos Aires, el 7 de octubre de 1977, para que Nunca más apareciera con vida.
Tiempo mas tarde su hijo culpó, del secuestro, a un primo de su madre  (Sergio Alberto Gianotti, con teórico pasado en la Guardia Restauradora Nacionalista), al que sindicó como entregador

jueves, 12 de septiembre de 2019

El gigantezco Ramón Doll nacía hace 123 años



Ramón Doll Nació en la Ciudad de La Plata el 12 de septiembre de 1896 y fue abogado, periodista, escritor y ensayista argentino de origen socialista.

Cuando se dividió el Partido Socialista, se fue con los "socialistas independientes" (Antonio De Tomaso y Federico Pinedo), pero luego retornó al socialismo de Repetto. Fue juez del crimen en 1930. Se incorporó al nacionalismo en 1936 a partir de 1938 es colaborador de la revista del Instituto de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas". En 1939 se publica un libro clave de su autoría: " Acerca de una Política Nacional", donde critica al liberalismo argentino.

Cuando yo llegué a la vida literaria en 1927 - me encontré con que la crítica asumía, ante ciertos desbordes y desorbitaciones de la nueva generación, una extraña actitud, temerosa de opinar, no fuera el diablo que ciertos poemas y cuentos que nadie comprendía fueran obras geniales

Como periodista escribió en Revista "Claridad"; Periódico "La Vanguardia"; Semanario “Señales”; Periódico Nuevo Orden; Periódico La Voz del Plata; Periódico "El Pampero"; Revista "Nueva Política"; Revista “Cabildo”; Semanario "Azul y Blanco" y Semanario Política, entre otros.

Fue ministro de Hacienda en la intervención federal de la provincia de Tucumán en 1943; al año siguiente fue Rector Interventor de la Universidad Nacional de Cuyo. Durante la presidencia de Juan Domingo Perón ocupó varios cargos judiciales como asesor letrado de la Fiscalía de Estado de la provincia de Buenos Aires, y asesor letrado de Transportes de la Capital Federal. Su actuación pública cesó a partir de la instalación de la dictadura autodenominada Revolución Libertadora que prohibió actividad intelectual y lo incluyó en sus listas negras tras la caída de la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu cesaría su persecución política y volvería a su actividad intelectual.


El Reverendo Padre Leonardo Castellani, que no era amigo de vanos elogios, designó a Ramón Doll "vicepresidente de los pensadores argentinos en ejercicio del Poder Ejecutivo" y rotundamente afirmó: "es uno de los espíritus mas penetrantes de la Argentina, aunque parezca extraño a un gordo tan carnudo y macizo llamarle espíritu y penetrante".

Señaló Norberto Galasso que en 1958 el semanario Azul y Blanco envió un reportero que recogió esta apreciación de Doll refugiado en el ostracismo: "... pido disculpas, pero hay gente que estamos abatidos del todo y para los cuales, ya hoy es demasiado tarde".

En otra oportunidad la revista Confirmado describió a un Doll aquejado por el mal de Parkinson que tras un portazo desdeña la invitación a conversar expresando:

"¡Aquí no vive ningún Ramón Doll!".

Amparado en la mística de misa diaria, un periodista de dicha publicación sostuvo: "Ahora es él quien espera, solo, sin amigos el último acto de su vida contradictoria, agitada por los mismos fantasmas que perturbaron a Unamuno... Ramón Doll es definitivamente un personaje del pasado".

Alguna vez sostuvo "La historia de la inteligencia argentina es una historia de deserciones, de evasiones.
Jam ás en país alguno, las clases cultas y la inteligencia,
viven y han vivido en un divorcio igual
con la sensibilidad popular, es decir, con su propia sensibilidad "


Su obra
“Ensayos y Críticas”, 1929
“El caso Radowitzky”, 1929
“Crítica”, 1930
“Reconocimientos”, 1931 (Premio Municipal de 1932)
“Policía Intelectual”, 1933
“Liberalismo en la literatura y la política”, 1934
“Acerca de una política nacional”, 1939
folleto "Del servicio secreto inglés al judío Dickmann", en referencia al diputado socialista Enrique Dickmann, 1942
folleto "Itinerario de la Revolución Rusa ", 1943
“Lugones, el apolítico y otros ensayos”, 1966 (compilación de Arturo Cambours Ocampo editado por Peña Lillo)

Su paso por este tránsito de la vida culminó el 14 de febrero de 1970